Ésta es la crónica de Dani Andagoya-Alba, estudiante del Seminario Desarrollo, Cooperación y Tecnologías para la Transición Ecosocial.

El anterior viernes se trató el tema de La solidaridad internacional en la cual se expuso la idea de que la misma debe ser entendida como un proceso bidireccional y horizontal, no como un orden jerárquico de sociedades donde la que está arriba ayude a la que esta abajo, tampoco debe tratarse como una competencia de quien está menos oprimido para ayudar al que consideramos lo está más, sino más bien como un procesos que contribuya a todos sus actores logrando de esta manera cambios significativos en la sociedad y que para lograrlos son necesarios esfuerzos diversos y colectivos que permiten sobrellevar el peso del cambiar.

En la actualidad muchos son los temas que nos llevan al límite como sociedad en donde las posibilidades de solución tienen que ver con visiones colectivas y de grupo, las crisis actuales demuestran la debilidad de los sistemas implantados, sin importar si vienen de la derecha o izquierda, tradicionales o modernos; al final los resultados están presentes, tal vez no entendidos ni visibles para todos, pero están. Todo esto agudizado por la crisis provocada por el COVID que llego a evidenciar mucho más los problemas sociales ya existentes como la desigualdad, autoritarismo, individualismo, racismo, reafirmaciones fronterizas, entre otras.

Sin embargo, no todo es malo, esta crisis sanitaria demostró la necesidad de un cambio de mentalidad para el futuro sostenible del planeta, demostró además que los sistemas tradicionales occidentales no son las únicas vías para mantener la vida, el trabajo comunitario de agrupaciones de personas o comunidades, en el mundo demostraron que existen alternativas muy viables para vivir. Los sistemas alimentarios, de salud, de producción comunitaria y de trabajo conjunto demostraron tener la solvencia necesaria para mantener el normal funcionamiento de una población. Todos estos conocimientos y practicas también deben ser parte de la discusión mundial ya no solo como alternativas en casos excepcionales o especiales sino como oportunidades de intercambio a través de una solidaridad internacional entre iguales aportando lo mejor de cada sociedad y no imponiendo una forma de pensar que a nuestro juicio en la correcta.