Ésta es la crónica de Maitane Campos Sainz, estudiante del Seminario Desarrollo, Cooperación y Tecnologías para la Transición Ecosocial

La segunda de las sesiones del XXII seminario sobre Desarrollo, Cooperación y Tecnologías para la Transición Ecosocial que ISF Euskadi – Euskal Herriko MGI organiza cada año, estaba enmarcada en la segunda dimensión del título del mismo. Dicha sesión llevaba por nombre “Hacia una cooperación internacional en clave emancipadora”.

Eneko Calle, de Elkartasuna Eraldatuz, nos acompañó e iluminó en el descubrimiento y la reflexión en torno a la crisis integral en la que se encuentra actualmente la cooperación internacional por medio de diversas dinámicas y compartires. Este camino de descubrimiento se dio de la mano de las preocupaciones que, como estudiantes y jóvenes, tenemos sobre nuestros contextos más cernanos y que conforman y afectan también al mundo de la cooperación: desigualdades locales y globales, crisis de materias primas, crímenes de odio, insostenibilidad medioambiental, pandemia, intereses económicos y grupos poderosos, vulneración de DDHH…

En la eterna reflexión, también personal, sobre la validez y legitimidad de la cooperación internacional, me voy sin respuestas una vez más.

Quizás lo hago con nuevas y distintas preguntas a las que hasta el momento intentaba responder.

Dentro de todas las dudas en torno a dinámicas y formas, sí que creo en la posibilidad de una cooperación internacional que contribuya realmente a la eliminación o, al menos, a la reducción de las fatales consecuencias que la lista de preocupaciones que ha aparecido más arriba tiene para la vida de las personas, sus comunidades y sus entornos. Las condiciones que esta debe cumplir para contar con esta confianza son: una cooperación crítica, transformadora y adaptada a cada contexto. También creo fundamental que esté basada en procesos a largo plazo con implicación real de todas las partes implicadas basada en dinámicas horizontales, democráticas y de compartir saberes y haceres. Para ello se debe empezar por entender las causas de las desigualdades globales y las que han llevado a la cooperación a perder su legitimidad. Sin duda alguna, los movimientos sociales tienen que ser partícipes y protagonistas del cambio que se propone, además de claves para cambiar las lógicas entre las relaciones Norte-Sur que comienzan por señalar las causas y causantes, además de exigir la coherencia política necesaria para ello.

La única certeza que sí que me llevo, después de una semana de reposar lo compartido y habiéndole dado vueltas a lo relacionado con la universidad y la cooperación universitaria como contexto que nos ha llevado a unas pocas personas a la sesión, esta debería tener un mayor protagonismo en la transformación a la que aspiramos como lugar privilegiado de compartir que es. De compartir con otras personas, diversas en generaciones, lugares e historias; de compartir saberes y experiencias; y en el que se invierte mucho tiempo y trabajo. También como institución que cuenta con autoridad y credibilidad social y que tiene capacidad de llegar a donde otras muchas realidades más pequeñas no lo hacen. Creo firmemente que la universidad debería utilizar todos estos privilegios con los que cuenta para hacer, educar y formar en nuevas formas integrales de relación y para esta cooperación crítica y transformadora de la que hablamos.