Hoy en día, en plena pandemia por coronavirus, nos cuestionamos la factibilidad o practicabilidad de vivir en la ciudad. Si hace unos meses, las ciudades eran los centros neurálgicos de la vida, trabajo y ocio, esta nueva situación nos plantea un cambio de paradigma, un cambio en estilo de vida y de forma de pensar.

Las ciudades llevan creciendo a ritmos desorbitados de la revolución industrial en adelante llegando a ser, hoy día, lugar de residencia de más de la mitad de la población mundial. Este crecimiento tan acelerado, ha causado una rápida urbanización de los asentamientos urbanos y una falta de planificación que afecta tanto al medio ambiente como a las personas que los habitan.

Por un lado, según cifras de la organización de naciones unidas, las ciudades generan el 70% de las emisiones de carbono mundiales y el 60% del uso de los recursos, ocupando tan solo un 3 % de la superficie terrestre, detectando un gran problema de contaminación y explotación de recursos en muy poco espacio y que va en aumento. Por otro, este crecimiento acelerado recae, principalmente, en la mala gestión y urbanización de los barrios periféricos, empobrecidos y marginalizados, generando así empobrecimiento social, precariedad, insalubridad e inseguridad. Estos lugares llegan a convertirse en espacios inapropiados para la vida y, como consecuencia, se enfatizan las desigualdades y las diferencias sociales.

Esto significa que este éxodo del campo a la ciudad que, en un principio, parecía una mejora de calidad de vida, ha acabado creando un empobrecimiento social que se ha acentuado exponencialmente en una situación extrema como es esta crisis en la que estamos inmersos.

Lo que una vez estuvo en auge por un sistema pautado por la globalización, la conexión, la movilidad y el consumismo, hoy se tambalea y evidencia la necesidad de repensar el modelo de ciudad y los valores en los cuales estábamos viviendo hasta ahora.

En tiempos Covid19, ¿cómo se pone de manifiesto la crisis urbana y de convivencia?

Con el confinamiento, las injusticias sociales se intensifican exponencialmente a causa de la calidad de las viviendas. Miles de familias viven en espacios reducidos, sin luz solar directa, sin un espacio exterior, en hogares sin calefacción; en ocasiones, sin buena ventilación que garantice la salubridad y la salud de los integrantes de la casa. Como siempre, las periferias y los barrios empobrecidos son los más desfavorecidos y, por lo tanto, los más vulnerables frente una situación de estas características.

El hacinamiento provocado en los pocos espacios libres que existen, pone de manifiesto otras carencias: la falta de espacios abiertos, verdes y en relación con la naturaleza que quedan en nuestras urbes; subrayado por la desconexión y falta de demanda que las personas tenemos ante esta necesidad al habernos acostumbrado a un ocio basado en el consumismo.

Otro punto que se ve remarcado en este período es la disminución de los niveles de contaminación del aire y el acercamiento de otras especies a las ciudades. Se podría decir, que la desintoxicación que ha vivido el planeta en estos días de reposo y reducción del intervencionismo humano, ha evidenciado la importancia de una ciudad más sostenible.

La percepción de estas faltas y déficit en la ciudad y, como consecuencia, en otros ámbitos de la vida, nos insta a dar valor a factores como habitabilidad, salud, la necesidad de acceso cercano a productos de primera necesidad, la importancia de las relaciones sociales, la integración, la seguridad y el acceso a la educación y la cultura.

Todo ello lleva a un prototipo de ciudad que pueda adaptarse a situaciones imprevistas y en el que todas las personas que la habitantes tengan las mismas oportunidades.

Un buen planeamiento de la ciudad puede incidir directamente en muchos aspectos de la sociedad, desde la parte climática y ecológica, hasta la más humana y social. Por ello es importante incidir en el Objetivo del Desarrollo Sostenible de ‘ciudades y comunidades sostenibles’ para que, en 2030, como propone la ‘nueva agenda urbana de Naciones Unidas se hayan conseguido aplicar modelos urbanos resilientes, inclusivos, seguros y sostenibles como motor del desarrollo, la paz y los derechos humanos.

Se pretende que estos nuevos modelos de ciudad sean accesibles para todas las personas, participativos y autosuficientes energéticamente para garantizar la calidad de vida y confort, haciendo uso de las tecnologías actuales; que dispongan de suficientes espacios libres y verdes cercanos para evitar aglomeraciones y garantizar espacios saludables; que abastezcan servicios básicos para la vida en espacios cercanos como el trabajo, educación, ocio, cultura… Como menciona Jan Gehl, pensar las ciudades a una ‘escala humana’ donde la conexión a pie y en bici sea prioritaria, pero sin olvidar la conexión, el transporte público y una movilidad sostenible que proporcionará más opciones a los ciudadanos.

Que edifique teniendo en cuenta las bases de la bioconstrucción, que no sólo aprovechará los recursos naturales existentes sino los materiales y productos del lugar, generando trabajo e intercambio local.

Como introdujeron Cities for all en el congreso Durban del 2019, deberían seguir un modelo de ciudad intercultural e inclusiva, donde en la diversificación se vea un enriquecimiento para las personas y exista un acceso equitativo a los servicios y oportunidades para toda la ciudadania.

Este tipo de ciudad, no sólo dará una respuesta más eficaz a los nuevos problemas que puedan aparecer, sino que resolverá otras carencias ya presentes y tendrá una incidencia directa en la seguridad y en la vida de quien la habita.

Por lo tanto, estos momentos de crisis deben servir para que nos replanteemos y cuestionemos el sistema en el que vivimos, mejorarlo, y avanzar. Que transforme. Concretamente, que rompa los esquemas de vida heredados y nos haga reflexionar sobre un cambio de modelo que nos ayude a vivir una mejor relación con las personas y con el entorno que nos rodea.

Para saber mas:

Sustainable cities and communities

Objetivos del Desarrollo Sostenible: 11_Ciudades y comunidades sostenibles

Indicadors ODS

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