Artículo escrito por Izaskun Serna, estudiante del XX. Seminario de Desarrollo, Cooperación y Tecnologías para el Desarrollo Humano

Hoy por hoy, medir cualquier parámetro que sea cualitativo es una tarea difícil. Entonces,
¿Cómo podemos medir el desarrollo? ¿Qué es lo que entendemos por desarrollo actualmente?
¿Cuál es el desarrollo que queremos apoyar y cómo podemos lograrlo? No podemos
pretender ser parte del desarrollo, si no sabemos qué es lo que significa. Si no tenemos ante el
desarrollo una postura crítica, simplemente nos dejaremos llevar por lo que ya está impuesto,
por unos valores e intereses determinados, sin ponerlo en duda, estemos o no de acuerdo.

El desarrollo es un concepto histórico que no tiene una única definición, que ha ido
evolucionando a través de la historia y que además, siempre tiene un contexto político detrás,
no es neutro. ¿Ser un país industrializado supone estar desarrollado? ¿Vivir en el hemisferio
norte implica tener desarrollo? Es importante saber que cada sociedad y cada época tienen su
propia definición para este término, que habla del futuro y de la perspectiva que tenemos
sobre el mundo que nos rodea. En ocasiones, se da a entender que el desarrollo es algo
impuesto por estructuras externas y que ante ellas poco se puede hacer, cosa que favorece
mantener el actual estado y la situación de los que no quieren cambiarlo. Ante esto debemos
tener una actitud crítica y un papel activo. Así es que deberíamos reflexionar acerca de cuáles
son las propuestas que conducen a un desarrollo justo.

El término de desarrollo se creó después de la Segunda Guerra Mundial y lo establecieron
los países de Occidente, imponiéndoles al resto de sociedades su modelo, el cual era vertical
y hegemónico. Se daba por sentado que la experiencia de los países desarrollados
occidentales era la referencia obligada para el resto. Además, en ese modelo, tuvieron más
importancia las consideraciones estratégicas y los intereses de esos mismos países que los
países receptores de ayudas. Hoy en día, entendemos la idea de desarrollo cuando ciertos
indicadores macroeconómicos suben, como el PIB, es decir, como desarrollo económico.
¿Pero acaso nuestra vida será mejor si España tiene un PIB más alto? No es solo la economía
donde hay que poner atención.

Como crítica a la concepción de desarrollo dominante, Inge Kaul, Mahbub Ul Haq y Amartya
Sen fueron los creadores del concepto del desarrollo humano. Este término explica que la
riqueza de una persona no está tanto en su dinero, sino en sus valores y capacidades humanas.
Para poder poner esto en práctica, se creó el “Programa de Naciones Unidas para el
desarrollo”, un informe que propone una alternativa a la ortodoxia de las instituciones como
el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional.

Existen otros medidores del desarrollo como el Índice del Desarrollo Humano, que tienen en
cuenta la salud (la esperanza de vida), la educación (cuántos años de educación impartidos se
han recibido) y los ingresos (PIB). Con este indicador como se ve, no solo se tienen en cuenta
los indicadores macroeconómicos, sino también las capacidades de las personas. Aún así, este
índice es muy relativo, ya que un país puede tener niveles altos en salud y educación y un
PIB bajo (como es el caso de Cuba) y no por ello deja de ser un país menos feliz. Como la
medición de este índice se hace cada año, se puede ver la evolución que tiene cada país y se
pueden hacer comparaciones. Puede ser una buena guía para ciertos países para informarse
acerca de los errores que cometen. A pesar de eso, el IDH no habla sobre las diferencias entre
mujeres y hombres, factor que también se tendría que tener en cuenta.

Existe otro índice que informa sobre las diferencias de género: el Índice de Desigualdad de
Género. Los factores que tiene en cuenta este medidor son los siguientes: el mercado laboral
(la participación que tienen las mujeres en la fuerza laboral), la salud reproductiva (la tasa de
mortalidad materna y la tasa de fecundidad adolescente) y el empoderamiento (porcentaje de
escaños en el parlamento nacional y niveles de educación secundaria o superior). Este
indicador nos puede dar pistas acerca de la situación de un país, pero hay limitaciones ya que
hay pocos datos.

Tanto la interpretación dominante de desarrollo como las distintas alternativas que se han
creado (IDH) son modelos basados en el liberalismo occidental y en algunas de sus
características, por lo que tienen ciertas limitaciones. Es por eso que se ha creado el concepto
teórico del “posdesarrollo”, que incluye temas fundamentales como la participación
comunitaria, la sostenibilidad medioambiental, el respeto de los derechos humanos, la
igualdad de género, etcétera. El posdesarrollo pretende que el desarrollo no sea uniforme y
algo impuesto. Reclama que las personas tienen que crear sus propios procesos y que tiene
que haber una transición, que hay que buscar vías sostenibles desde el punto de vista
económico, social y poner la vida en el centro. Además de eso, el posdesarrollo no pretende
convertirse en un discurso único, sino que favorece la reflexión y el debate.

En definitiva, el desarrollo podrá definirse de maneras diferentes según el criterio con el que
lo definamos y lo que midamos. Aunque durante la historia haya sido un término impuesto,
existen alternativas para entenderlo y poder medirlo.

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